La luz se trasciende desde las hordas de oscuridad mayor, el guerrero ve impolute la torre que tiene que escalar, hordas y hordas de entes negros atraviesan su camino, el solo decide avanzar, avanza a paso firme, desafiando a todos, uno a uno los entes caen, el guerrero tiene una sonrisa, macabra pero a la vez de satisfaccion, susurra a lo bajo el nombre de su amada patria, y va hacia la misma boca de lobo a enfrentarse a lo que sea que haya dentro de la torre, franquea la primera puerta, el mausoleo esta intacto como lo vio en su sueño, las ventanas cristalizadas con telarañas anonadadas que ven a un humano después de mil años.
El caballero ve maravillado la belleza impune a la que se ve sometido, nombra aquel lugar como el espacio del vació. Cruza la antesala y se topa con el primer engendro del mal que le acecha desde que tuvo conocimiento de si mismo, se enfrenta a su cordura. Una mole de pensamientos rotos y palabras hechas de carbón, se enfrentan en un uno a uno, poco a poco su cordura se va debilitando, la atalla dura una eternidad convertida en una fracción frágil de la relatividad tiempo, al final no con cierto grito de sufrimiento la cordura desaparece.
cada paso que da, cada aliento perenne que deja a su paso esta contagiado de una inmensurable y amada locura que añoraba desde hacia milenios cuando no habia nacido.
Siguiente puerta: Su humanidad
Ve una cueva repleta de insectos brillantes, un paisaje bello para ojos hermosos, pero el guerrero es un simple desquiciado. Al momento se encuentra frente a frente como una ironia desperdigada en su abismo interno, lo bueno y lo malo, la salud la enfermedad, el blanco y negro, batallan una vez mas, sendos chorros de humanidad son desperdiciados, una a una las brillantes luces se apagan, su humanidad rogándole yace en el suelo, el guerreo la patea hacia un lado, asi la oscuridad donde antes habitaba la hermosura de su humanidad, ahora es una bestia, un desquiciado sin humanidad, el le da un nombre a esta cueva, le llama la el agujero pétreo.
Llega a la puerta de su alma, ve cada uno de los momentos felices que vivio, las mujeres que amo y decepciono, se va a si mismo frente a una mascara de amabilidad y bondad deshecha, ve lo que odia, siente el placer de las noches oscuras, siente el frio de las montañas, y ve finalmente a su yo verdadero, un yo suplicante y flácido, y le apaga.
Ahora el guerrero es humano, no tiene humanidad, cordura ni alma.
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