viernes, 30 de marzo de 2018

Huracan.

botellas arremolinadas dentro de una bolsa de basura. Cigarrillos rotos a una mitad sin una cadencia.
un cuadro de la ultima cena un 0 marcado en la pared, y un 1 dibujado en su espalda.

La sala huele a incienso y a perfume barato, una guitarra partida en 2 descansa en el sofá, la puerta es completamente negra y sus paredes están pintadas de color pastel,

un recorrido de 7 metros que se vuelve un recorrido de 7 millas, los 0 y 1 bailan acompasados, anochece, la trancision del atardecer y el anochecer, el punto medio de esta maravillosa simbiosis, se siente como un teatro dejándose de iluminar para pasar a una metamorfosis entre sombras y cuerpo.

la noche llega y las velas se encienden, con una mascara para ocultar la, el cuarto huele a drogas y a masturbación femenina.

se contrae, se mueve, un oso de peluche mira con interés la escena, una vela se apaga y sus hermanas la vuelven a encender. Le brillan los ojos de excitación o interés, no me decido por ninguna de los 2.

es lo suficientemente mayor para no ir a la cárcel pero también lo suficientemente inocente como para sentirte culpable.

Me levanto, me da una patada  en el pecho y me vuelve a sentar.

El cuarto se torna mas oscuro como cueva sin fin, la boca de lobo. Siento movimiento a mi alrededor. un brasier me tapa los ojos y una tanga ata mis manos.

Se mueve como un huracán, y su respiración es un aliento agónico del desierto. un baile árabe mezclado con  el erotismo de un baile americano.

me sisea al oído "no tengas miedo" y al instante desaparece su presencia, un zumbido y un cigarrillo encendiéndose.

Me lo da
Lo tomo
le quemo un pecho
Gime
lo paso por su espalda desnuda
El 1 ya tiene un punto aparte.

No se si inicia conmigo o si termina conmigo la senda de erotismo inocente.
solo se algo
No se ve nada mal lo que vaticina el huracán.

Eduardo Jurado P.

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